sábado, 8 de junio de 2013

La Lección de August



LA LECCIÓN DE AUGUST
R.J. Palacio (2012
)

La Lección de August es una de esas novelas con moraleja que no hay que dejar pasar. Una bonita historia que, aún teniendo como base una circunstancia bastante trágica (o así lo veo yo), es capaz de enternecernos o hacernos reír sin crearnos esa especie de remordimiento que conciencia que otras novelas sí crean.

August es un niño con una deformidad física que marca su existencia desde que nació, hace diez años. Su existencia y la de su familia, por supuesto. Es totalmente consciente de que es diferente a los demás y vive con ello el día a día. Salir a la calle es un tormento y lo lleva lo mejor que puede. A August no le gusta que lo miren, lo señalen o lo insulten. Los otros niños a veces han sido muy malos con él.
Sus padres y hermana, sobreprotectores, velan por su bienestar en todo momento. Cuidan de su salud, bastante delicada, y de su estabilidad emocional y por ello intentan evitarle cualquier sufrimiento que pueda provocarle el mundo exterior. Más allá de las puerta de casa la gente es poco delicada, poco disimulada y muy, muy cruel.
Pero un día papá y mamá deciden que ha llegado el momento de dejar “crecer” al pequeño August y lo preparan para asistir por primera vez a la escuela...

El libro está divido en ocho partes, cada una protagonizada por diferentes personajes de la historia. En algunos momentos, los protagonistas de estas partes narran los mismos acontecimientos pero desde su perspectiva. Así pues, conocemos las sensaciones, sentimientos y pensamientos de todos ellos ante cada hecho.

* * * * *


Sé que no soy un niño de diez años normal. Bueno, hago cosas normales: tomo helado, monto en bici, juego al béisbol, tengo una XBox... Supongo que esas cosas hacen que sea normal. Por dentro, yo me siento normal. Pero sé que los niños normales no hacen que los otros niños normales se vayan corriendo y gritando de los columpios. Sé que la gente no se queda mirando a los niños normales en todas partes.
Si me encontrase una lámpara maravillosa y solo le pudiese pedir un deseo, le pediría tener una cara normal en la que no se fijase nadie. Pediría poder ir a la calle sin que la gente apartase la mirada al verme. Creo que la única razón por la que no soy normal es porque nadie me ve como alguien normal.
Pero ya estoy más o menos acostumbrado a mi cara. Sé fingir que no veo las caras que pone la gente. A todos se nos da bastante bien: a mí, a mamá, a papá, a Via. No, eso no es verdad: a Via no se le da nada bien. Puede llegar a enfadarse mucho si alguien hace alguna grosería. Como una vez que, en los columpios, unos chico mayores se pusieron a hacer unos ruidos raros. Ni siquiera sé qué ruidos eran, porque no los oí, pero Via sí, y se puso a gritarles. Así es ella. Yo no soy así.
Via no me ve como alguien norma. Eva dice que sí, pero si fuera normal no me protegería tanto. Mis padres tampoco me ven como alguien normal. Para ellos soy alguien extraordinario. Creo que yo soy la única persona en el mundo que se da cuenta de lo normal que soy.
Por cierto, me llamo August. No voy a describir cómo es mi cara. No sé cómo os la estaréis imaginando, pero seguro que es mucho peor.

* * * * *

 
Tenía muchas ganas de leer La Lección de August y una vez concluída su lectura me siento satisfecha y con ganas de comentarla y recomendarla. Como siempre, no había leído reseñas de la novela en su totalidad y me dejé llevar por el encanto de su portada (este es el año de las portadas azules...) que me atrapó desde que la vi. Me alegra que su contenido me haya gustado tanto como esa carita que me llamaba desde la estantería.

El libro está muy bien escrito, sin complicaciones, y llega enseguida al lector. La rapidez con que se lee esta novela viene dada, no solo por la sencillez de su narrativa y por la corta extensión de sus capítulos, sino porque la historia engancha desde el primer momento.
En un principio puede parecer que el punto de vista de un niño de diez años no es atractivo e interesante para un adulto pero en cuanto comienzas a leer las primeras observaciones de August, quedas atrapado.

Sin duda, lo más destacable de esta historia que nos cuenta R.J. Palacio por boca de August y el resto de personajes, es esa “esencia” que debemos extraer de la novela. El amor, la amistad, la lealtad, la voluntad y la fuerza. La moraleja a la que hacía referencia en el inicio de esta reseña es la conclusión a la que debemos llegar cada uno de nosotros en el momento de finalizar la lectura. Yo me quedo con un par de los preceptos del señor Browne que dicen:

“Tus actos son tus monumentos” (inscripción en una tumba egipcia)
“Audentes fortuna iuvat” (La fortuna sonríe a los audaces -Virgilio-)

A pesar de lo que me ha gustado La Lección de August, encuentro un inconveniente o parte negativa en la novela y no es otra cosa que la madurez que reflejan los niños del relato. Cualquiera que tenga contacto con menores de diez o doce años observará que el autor otorga a los protagonistas unas reflexiones y actos impropios de su edad. Tal vez sus sentimientos, o incluso la sensatez que muestran, sí sean acertados, pero pienso que los diálogos y los modos de actuar de los chicos son más probables en personas de más edad. Tal vez hubiese sido más real darles tres o cuatro años más a los personajes. Existen unas cuantas incoherencias a lo largo de la historia que reflejan lo que estoy comentando.
No es razonable que unos niños sean tremendamente infantiles e inmaduros para algunas cosas (lo normal en los diez años) y sin embargo, sus resoluciones ante determinadas situaciones sean tan “sabias”, que se comporten de un modo tan independiente. En definitiva, que se comporten como adultos.

Por lo demás, todo perfecto en esta bonita historia de amor y superación. La lección nos la regala, no solo August, sino sus familiares, profesores y amigos.


“Eres precioso, digan lo que digan.
Que las palabras no te depriman.
Eres precioso se mire por donde se mire.
Sí, que las palabras no te depriman”
Christina Aguilera, Beautiful

“Este es mi secreto. Es muy sencillo.
Uno solo puede ver claramente con el corazón.
Lo esencial es invisible a los ojos”
Antoine de Saint-Exupéry, El Principito

8 comentarios:

  1. Le tengo muchas ganas, a ver si cae pronto :3
    besos

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  2. Pues merece la pena, créeme. Ideal, además, como libro para las vacaciones. Ve apuntando.
    Gracias por tu comentario.
    Saludos.

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  3. Pero bueno! ¿Tú por aquí? Ya te creía perdida!
    Respecto al libro, me gustó pero en ningún momento conecté completamente con el protagonista... No podía evitar pensar que la idea era buena, pero le faltaba algo...
    Besos,

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    Respuestas
    1. ¡Sí!! ¡De nuevo por aquí! Me ahorro detalles moral y anímicamente catastróficos del porqué de mi ausencia.
      Sé que leíste la novela y tu reseña es la primera que he leído después de escribir la mía (ya sabes, son mis rarezas). Por la reseña precisamente sé que no acabó de gustarte o mejor, dicho, no acabó de engancharte. Me ocurrió lo mismo.
      Me gusta la historia, sus personajes, pero no me enamora. En cuanto a la empatía o la conexión con sus protagonistas, bueno, tal vez comprendí un poco mejor a la madre de August.
      No estoy de acuerdo en lo que dices de la simpleza. Sí que la autora utiliza una dialéctica sencilla, su relato lo es, pero como digo en mi comentario, no me parece que haya acertado con el comportamiento y razonamientos de los niños.
      ¡Un besito!

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  4. Si tuviera que resumir el libro con una sola frase, elegiría la última que has puesto de El Principito. Me encanta... :)

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    1. El mérito de incluirla es de los autores: de Antoine de Saint-Exupéry por la belleza de sus palabras y de RJ Palacio por recordárnoslas su novela.
      Deduzco que la has leído y te ha gustado. Me alegro.
      Gracias por tu comentario.
      Un saludo.

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  5. Hola, tengo ganas de leer el libro, me parece diferente :)

    Además ya he leído bastantes reseñas y tiene algo que me atrae.
    Un beso y gracias por pasarte por el blog! :)

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  6. Un placer la visita.
    La novela es perfecta para el verano; en tres mañanas de playa te la cargas. Si además tienes hermanos, primos o hijos que sean jovencitos, a partir de doce o catorce años, es un libro ideal para ellos. Les encantará.
    Un saludo.

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